La tomografía computarizada tridimensional ha permitido 'desenvolver' la tumba, pero no se han encontrado evidencias de las causas de la muerte.


La momia real del faraón egipcio Amenhotep I, que gobernó Egipto durante 21 años y vivió una edad de oro de la región, ha sido 'desenvuelta' por primera vez en 3.000 años gracias a la tomografía computarizada tridimensional. Los egiptólogos nunca se han atrevido a abrir la momia del faraón, no por temor a una maldición, sino porque está envuelta perfectamente. La decoración con guirnaldas de flores y la máscara facial incrustada con piedras de colores que cubre su cara y cuello son otras de las razones por las que se ha mantenido intacta.

Sin embargo, ahora se ha decidido abrirla, algo que no sucedía desde el siglo XI a. C., cuando habían pasado cuatro siglos desde su momificación y entierro originales. Durante la última dinastía, los sacerdotes decidieron reparar los daños que habían provocado los ladrones de tumbas en las mismas y procedieron a abrirlas y volverlas a enterrar.

"El hecho de que la momia de Amenhotep I nunca se hubiera desenvuelto en tiempos modernos nos brindó una oportunidad única: no solo estudiar cómo había sido momificado y enterrado originalmente, sino también cómo había sido tratado y enterrado de nuevo dos veces, siglos después de su muerte, por los altos sacerdotes de Amón", ha explicado la doctora Sahar Saleem, profesora de radiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de El Cairo y radióloga del Proyecto Momias Egipcias.

Sin evidencias de la causa de su muerte

"Al desenvolver digitalmente la momia y 'despegar'", continúa, "sus capas virtuales (la máscara facial, las vendas y la propia momia) pudimos estudiar este faraón bien conservado con un detalle sin precedentes. Demostramos que Amenhotep I tenía aproximadamente 35 años cuando murió. Medía aproximadamente 169 cm de altura, estaba circuncidado y tenía una buena dentadura. Dentro de sus envolturas, llevaba 30 amuletos y una faja de oro única con cuentas de oro", detalla.

Además, apunta que no pudieron "encontrar ninguna herida o desfiguración debida a una enfermedad que justificara la causa de la muerte", excepto las "numerosas mutilaciones post mortem, presumiblemente realizadas por ladrones de tumbas tras su primer entierro". A pesar de que "sus entrañas habían sido retiradas por los primeros momificadores", la momia sí conservaba el cerebro y el corazón.

Por último, asegura que los sacerdotes que abrieron por última vez la tumba no lo hicieron para reutilizar el material funerario para faraones posteriores, sino que "repararon con cariño las heridas infligidas por los ladrones de tumbas y devolvieron a su momia a su antiguo esplendor", conservando en su sitio "las magníficas joyas y amuletos".